La osteoartritis (OA) es una enfermedad articular progresiva caracterizada por degradación del cartílago, inflamación de la membrana sinovial y dolor funcional que afecta a millones de personas en todo el mundo. Tradicionalmente, el manejo ha incluido desde terapia física hasta fármacos sintomáticos y cirugía en fases avanzadas, pero estas alternativas tienen limitaciones en términos de capacidad regenerativa y modificación de la progresión de la enfermedad. En este contexto, las células madre mesenquimales (MSC) han recibido atención como posibilidad terapéutica por su potencial para modular la inflamación local, interactuar con el microambiente del cartílago y fomentar procesos de reparación tisular. La investigación se ha enfocado en dos rutas principales de administración: intraarticular (IA), que entrega las MSC directamente en la articulación afectada, y intravenosa (IV), que busca un efecto más sistémico o inmunomodulador. Comparar estos enfoques desde la perspectiva clínica —incluyendo evidencia de eficacia, seguridad, criterios de selección y resultados medibles— es fundamental para orientar su integración responsable en la práctica médica.
MSC en osteoartritis: fundamentos y mecanismos
Las MSC poseen propiedades biológicas que las hacen candidatas terapéuticas para OA. Tienen la capacidad de modular la respuesta inmune local, secretar factores antiinflamatorios y potencialmente influir en procesos de reparación tisular, incluidos mecanismos que podrían favorecer la homeostasis del cartílago articular. En contexto de rodilla, estudios preclínicos han mostrado que las MSC pueden influir en rutas biológicas críticas implicadas en degradación de ECM (matriz extracelular), remodelación del cartílago y regulación de las células sinoviales, aunque la traducción clínica de estos efectos sigue siendo un área activa de investigación.
La ruta intraarticular (IA) conduce directamente las células hacia el espacio articular, lo que teóricamente incrementa la concentración local y la interacción con estructuras dañadas. En contraste, la ruta intravenosa (IV) favorece una distribución más sistémica, con potencial impacto sobre procesos inflamatorios generales pero menor especificidad local. En medicina regenerativa, estos diferentes perfiles de biodistribución pueden traducirse en diferencias marcadas en eficacia y objetivos terapéuticos.
Evidencia clínica de la administración intraarticular
La mayoría de la evidencia clínica disponible sobre MSC en osteoartritis se centra en inyecciones intraarticulares de células derivadas de médula ósea, tejido adiposo u otras fuentes. Múltiples ensayos controlados, meta-análisis y revisiones sistemáticas han evaluado resultados como la reducción del dolor, mejora de la función articular y cambios estructurales medibles por imagen. En general, estos estudios han reportado que la administración IA de MSC puede mejorar síntomas dolorosos y funcionalidad articular en pacientes con osteoartritis de rodilla.
Una meta-análisis reciente encontró que las inyecciones IA de MSC podían asociarse con mejorías significativas en dolor y disfunción comparado con placebo u otros tratamientos, aun cuando los tamaños del efecto y la calidad metodológica variaron entre los ensayos incluidos. Estudios individuales han mostrado mejoras sostenidas en scores funcionales hasta 12 meses o más tras una sola inyección, con perfiles de seguridad aceptables en la mayoría de los casos. Sin embargo, otras revisiones han destacado la heterogeneidad de resultados, señalando que algunos análisis no hallaron diferencias claras respecto a placebo en función de dolor y funcionalidad física, lo que sugiere que parte del beneficio observado puede deberse a efectos contextuales o al diseño de los estudios mismos.
En cuanto a objetivos objetivos medibles, las mejoras suelen evaluarse mediante escalas como WOMAC (Western Ontario and McMaster Universities Osteoarthritis Index), VAS (Visual Analog Scale) para dolor o KOOS (Knee injury and Osteoarthritis Outcome Score), junto con evaluaciones por imagen para valorar cambios en cartílago o estructura articular.
Administración intravenosa y abordaje sistémico
A diferencia de la terapia intraarticular, la administración intravenosa (IV) de MSC ha sido menos estudiada específicamente para osteoartritis. En este contexto, las MSC IV podrían tener mayor impacto sobre procesos inflamatorios de base, modulando respuestas inmunológicas que contribuyen a la progresión estructural de la OA. Ensayos clínicos con IV MSC tienden a evaluarse más en enfermedades sistémicas o con componente inflamatorio generalizado que en afecciones articulares localizadas, y su aplicación directa en osteoartritis no cuenta con la misma profundidad de evidencia que la IA.
La lógica de un abordaje IV es que al modulación inmunológica general puede reducir mediadores proinflamatorios que perpetúan la degradación del cartílago, aunque la evidencia clínica que valide mejoras significativas en dolor o función articular en OA tras MSC IV aún es limitada. Además, la biodistribución sistemática puede resultar en menor concentración efectiva en la articulación objetivo comparado con IA, lo que plantea desafíos para demostrar eficacia local en ensayos clínicos.
Criterios clínicos y objetivos medibles
Desde un punto de vista clínico, la selección de pacientes para terapias con MSC en osteoartritis debe considerar factores como el grado de daño estructural, dolor refractario a tratamientos convencionales, expectativas realistas y la ausencia de condiciones que incremente riesgos (por ejemplo, infección activa o comorbilidades que afecten la capacidad regenerativa del paciente). Los objetivos deben ser claros y medibles: reducción de dolor, mejora de la función articular evaluada mediante escalas validadas y, en algunos casos, cambios estructurales observados por imagen (aunque estos últimos son más difíciles de asegurar con consistencia).
Los ensayos clínicos de mayor calidad metodológica han intentado estandarizar dosis y protocolos de administración, aunque persiste variabilidad entre estudios respecto a la fuente de MSC, número de células administradas y régimen de seguimiento. Esto dificulta establecer recomendaciones universales, pero sugiere que dosis más altas o repetidas pueden correlacionarse con mejoras clínicas más consistentes, siempre evaluadas dentro de un marco controlado y responsable.
Límites y consideraciones realistas
A pesar del interés científico y los resultados prometedores de algunos estudios, la evidencia actual sobre MSC en osteoartritis no es uniforme ni concluyente. La calidad metodológica de muchos ensayos es variable, con tamaños de muestra reducidos o diseños con sesgo potencial. Varias revisiones sistemáticas han subrayado la necesidad de ensayos más robustos y de largo seguimiento para confirmar beneficios clínicos significativos y sostenidos, especialmente comparados con placebo o tratamientos estándar.
Además, algunos análisis han reportado que la mejora en dolor y función puede no diferir significativamente de Placebo en ciertos escenarios, lo cual destaca la importancia de interpretar los resultados con rigor y prudencia clínica.
Las células madre mesenquimales representan un enfoque terapéutico emergente para la osteoartritis, con evidencia creciente que respalda el uso de inyecciones intraarticulares para mejorar dolor y función articular en algunos pacientes. Los objetivos clínicos deben ser claros, medibles y contextualizados dentro de una estrategia integral de manejo de la enfermedad. Por otra parte, la administración intravenosa, aunque biológicamente plausible por su efecto inmunomodulador general, carece de evidencia sólida específica para osteoartritis comparada con la IA. En conjunto, se requiere continuar con ensayos bien diseñados, criterios de selección precisos y seguimiento prolongado para consolidar el papel de MSC en osteoartritis de forma responsable y basada en evidencia.
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