Las células madre mesenquimales (MSC) han captado gran interés en medicina regenerativa debido a su capacidad de modular la inflamación, favorecer reparación tisular y secretar factores bioactivos con efecto reparador y antiinflamatorio. En enfermedades crónico-degenerativas —que suelen cursar con daño progresivo, inflamación sostenida y pérdida funcional— las MSC podrían ofrecer una opción terapéutica adyuvante, orientada a mitigar procesos patológicos, retardar progresión y mejorar calidad de vida. Este artículo revisa el estado actual de la evidencia científica sobre el uso de MSC en enfermedades crónicas (autoinmunes, inflamatorias, degenerativas, sistemas múltiples), sus mecanismos de acción, limitaciones, y qué se necesita para una aplicación clínica responsable.
¿Qué hacen las MSC? Mecanismos biológicos relevantes para enfermedades crónicas
Multipotencialidad + Plasticidad + Secretoma
Las MSC son células no-hematopoyéticas, con capacidad de adherencia a superficie plástica in vitro, expresión típica de marcadores (CD73⁺, CD90⁺, CD105⁺; negativas para CD45, CD34, CD14/CD11b, CD19/CD79α, HLA-DR) y potencial para diferenciarse en osteoblastos, adipocitos y condrocitos.
Además de su capacidad de diferenciación, ejercen funciones beneficiosas a través del llamado secretoma: liberación de citoquinas, factores de crecimiento y moléculas reguladoras que modulan la inflamación, promueven reparación tisular, angiogénesis, neuroprotección y homeostasis del microambiente.
Inmunomodulación y regulación del microambiente
En entornos de inflamación crónica o daño tisular persistente, MSC pueden reprogramar respuestas inmunes: su acción paracrina inhibe proliferación de células inmunes agresoras, promueve perfiles antiinflamatorios, modula macrofagos, células T, B, NK y células dendríticas — frenando agresión autoinmune o inflamación descontrolada.
Esta capacidad es especialmente relevante en enfermedades autoinmunes, procesos inflamatorios crónicos, fibrosis, daño tisular repetido o degeneración lenta.
Reparación tisular, regeneración y adaptación al daño
Las MSC pueden promover reparación de tejidos dañados al estimular angiogénesis, regeneración celular, remodelado tisular o inhibición de fibrosis.
En sistemas nervioso, músculo-esquelético, pulmonar, renal o articular —típicos en patologías crónicas— este potencial de regeneración abre la posibilidad de mitigar progresión, conservar estructura y mejorar funcionalidad.
Evidencia clínica y perspectivas según tipo de enfermedad
A continuación se resumen hallazgos relevantes —aunque aún en desarrollo— del uso de MSC en distintas enfermedades crónicas.
Enfermedades inflamatorias y autoinmunes
En contextos de inflamación sistémica, daño inmune o autoinmunidad, MSC han mostrado capacidad de modular el sistema inmune y reducir daño tisular, lo que las posiciona como terapias potenciales en enfermedades crónicas con componente inmunológico.
En enfermedades cutáneas, colagenosis, enfermedades reumatológicas u otras con componente inflamatorio, algunas series preclínicas y estudios piloto han demostrado seguridad y señales promotoras de mejoría clínica.
Enfermedades degenerativas, daño crónico y falla orgánica
Estudios recientes destacan que MSC pueden ser útiles en enfermedades neurodegenerativas, daño neural o condiciones crónicas del sistema nervioso central, gracias a efectos neuroprotectores, antiinflamatorios y paracrinos — aunque la evidencia clínica aún es limitada.
En enfermedades crónicas renales o de órgano terminal, se exploran sus efectos antiinflamatorios y antifibróticos, con el fin de frenar progresión y preservar función.
En patologías musculoesqueléticas, articulares o con daño tisular estructural prolongado —como artrosis, degeneración de cartílago, lesiones crónicas— las MSC pueden favorecer reparación, reducir inflamación local y mejorar calidad de vida.
Enfermedades pulmonares y crónicas del sistema respiratorio
Hay estudios que sugieren que en enfermedades como EPOC u otras con daño pulmonar crónico, MSC pueden ofrecer mejoría al modular inflamación, reducir fibrosis y favorecer regeneración tisular pulmonar.
Aunque los datos son preliminares, el perfil de seguridad y la baja inmunogenicidad de MSC las hacen candidatas interesantes como coadyuvantes terapéuticos en enfermedades crónicas pulmonares.
Limitaciones actuales, riesgos y lo que aún desconocemos
Hasta hoy no existe un estándar universal para obtención, caracterización, cultivo y administración de MSC: fuentes, métodos y protocolos varían ampliamente, lo que dificulta comparar resultados entre estudios.
La heterogeneidad celular —dependiente de la fuente (medula ósea, tejido adiposo, umbilical, etc.), del donante, del proceso de cultivo y expansión— afecta potencia, secretoma, perfil inmunomodulador y seguridad.
En muchos casos, la evidencia clínica aún es temprana: ensayos fase I-II, estudios piloto, datos de seguimiento corto o preclínicos. Por tanto, no se deben generar expectativas de “cura” sino de “potencial terapéutico adyuvante”.
Riesgo de variabilidad entre lotes, pérdida de efectividad con paso del tiempo, posibles efectos adversos aún en evaluación — lo que exige criterio clínico riguroso, selección de pacientes adecuada, consentimiento informado, seguimiento y registro.
Consideraciones para integrar MSC en la práctica clínica
Para un médico que evalúa la incorporación de terapias con MSC en enfermedades crónicas, conviene tener presente:
Seleccionar un laboratorio/catálogo de terapias con protocolos clínicos estandarizados, con control de calidad, trazabilidad, documentación de origen y viabilidad funcional.
No considerar las MSC como “cura milagrosa”, sino como terapia adyuvante o complementaria, dentro de un plan integral de manejo (farmacológico, soporte, rehabilitación, monitoreo).
Priorizar estudios con diseño riguroso, seguimiento prolongado, criterios de seguridad, eficacia medibles y evaluación crítica de resultados.
Informar adecuadamente al paciente (o equipo tratante) sobre naturaleza “experimental/ emergente” de muchas de estas terapias, posibles riesgos, incertidumbres y necesidad de evaluación continua.
Las células madre mesenquimales representan hoy una de las estrategias más prometedoras en medicina regenerativa para enfermedades crónico-degenerativas, inflamatorias o autoinmunes. Su capacidad de inmunomodulación, secreción de factores reparadores y plasticidad les otorga un perfil atractivo como complemento terapéutico. No obstante, su uso debe plantearse con rigor, estándares de producción y controles clínicos adecuados. Como comunidad médica, es fundamental avanzar con prudencia, documentar resultados, participar en ensayos controlados y generar evidencia robusta que clarifique su real impacto en la salud a largo plazo.
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